"ACOGERSE A LO SAGRADO" JOSE LAGUNA
Felicidades a todos en estas fiestas de navidad y fin de año, hoy quiero compartir un poco de un estudio hecho por Jose Laguna teologo de Cristianismo y Justicia en ocasión de aniversario de los Derechos Humanos , espero de todo corazon les guste y pueda motivarlo para que lo difruten completo en CJ
El 10 de diciembre de 1948 se firmaba en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), treinta artículos que cimentaban un edificio jurídico destinado a proteger la dignidad humana. Un «lugar» al que cualquier ciudadano o ciudadana del mundo podría acudir en busca de refugio cuando sus derechos básicos estuvieran amenazados. Solo siete décadas después de aquella firma, los millones de refugiados y desplazados que, huyendo de guerras y hambrunas, llaman hoy a la puerta de aquel lugar que se construyó para ellos, se topan con un edificio en ruinas incapaz de ofrecerles la protección que antaño les prometía. La vieja Europa que había gestado la fe laica según la cual los seres humanos no tenían precio sino valor, vende hoy «carne inmigrante»
a Turquía (tres mil millones de euros a cambio de contener a los refugiados sirios en sus fronteras). Y aquellos Estados Unidos que contribuyeron a poner los cimientos de un mundo sin fronteras, donde toda persona tendría derecho a circular libremente y, en caso de persecución, a buscar y a disfrutar de asilo en cualquier país (arts. 13 y 14 de la DUDH), hoy plantean la construcción de un vergonzante muro de más de tres mil kilómetros en la frontera mexicana. Los Derechos Humanos no son hoy un lugar habitable.
¿Ciudadanos de qué mundo?
Una de las incongruencias del fenómeno globalizador se refleja en el hecho de que su dinámica mundializadora, lejos de afianzar los organismos supraestatales ya existentes, debilita su eficacia y produce el efecto rebote de la respuesta identita- ria de unos Estados nación que refuerzan sus fronteras para proteger a «los suyos» frente a «los otros», catalogados como amenaza. La salida del Reino Unido de la Unión Europea es un ejemplo palmario de esta incoherencia globalizadora. Siguiendo al sociólogo Manuel Castells, podemos diagnosticar esta disonancia apelando a la tensión dialéctica que existe entre un poder desubicado que se comporta como flujo y unas identidades culturales que necesitan del arraigo local. Por más que la retórica globalitarista proclame ufana el advenimiento del ciudadano universal, lo cierto es que en este mundo globalizado cada vez son más necesarios los pasaportes y los visados. El mundo no es un hogar con menos fronte- ras, sino con más. Hoy por hoy, la construcción de lugares no profanables pasa por derruir las ciudadanías locales que colisionan con un Derecho Internacional que se ha vuelto inhabitable. La subordinación de los Derechos Humanos a los derechos civiles de los Estados particulares cuestiona la viabilidad de un Derecho humanitario universal, un derecho ine- ficaz al que no pueden apelar los ciudadanos y ciudadanas del mundo por encima de nacionalidades concretas. Hoy por hoy, invocar al estatuto de ciudadano supone negar el ejercicio real de derechos fundamentales a aquellos que «solo» pueden presentar su «estatuto de persona». En ausencia de una «constitución planetaria» con capacidad para
Una de las incongruencias del fenómeno globalizador se refleja en el hecho de que su dinámica mundializadora, lejos de afianzar los organismos supraestatales ya existentes, debilita su eficacia y produce el efecto rebote de la respuesta identita- ria de unos Estados nación que refuerzan sus fronteras para proteger a «los suyos» frente a «los otros», catalogados como amenaza. La salida del Reino Unido de la Unión Europea es un ejemplo palmario de esta incoherencia globalizadora. Siguiendo al sociólogo Manuel Castells, podemos diagnosticar esta disonancia apelando a la tensión dialéctica que existe entre un poder desubicado que se comporta como flujo y unas identidades culturales que necesitan del arraigo local. Por más que la retórica globalitarista proclame ufana el advenimiento del ciudadano universal, lo cierto es que en este mundo globalizado cada vez son más necesarios los pasaportes y los visados. El mundo no es un hogar con menos fronte- ras, sino con más. Hoy por hoy, la construcción de lugares no profanables pasa por derruir las ciudadanías locales que colisionan con un Derecho Internacional que se ha vuelto inhabitable. La subordinación de los Derechos Humanos a los derechos civiles de los Estados particulares cuestiona la viabilidad de un Derecho humanitario universal, un derecho ine- ficaz al que no pueden apelar los ciudadanos y ciudadanas del mundo por encima de nacionalidades concretas. Hoy por hoy, invocar al estatuto de ciudadano supone negar el ejercicio real de derechos fundamentales a aquellos que «solo» pueden presentar su «estatuto de persona». En ausencia de una «constitución planetaria» con capacidad para
proteger unos derechos verdaderamente universales, urge crear lugares de protección para aquellos seres humanos que no tienen más pasaporte que el valor de su dignidad. Para el jurista italiano Luigi Ferrajoli, la creación de estos lugares no profanables pasa por desposeer a la ciudadanía del derecho de residencia y de circulación para trasponerlo a la condición de ser humano;4 tenemos derecho a vivir y movernos por donde queramos no en virtud de nuestra pertenencia a un Estado particular, sino en razón de nuestra pertenencia a la única familia humana



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